El Rayo de Anastasía

[…]¡Eh, tengo una idea! ¿Sabes lo que se me acaba de ocurrir?
¡Es genial! Después de todo, eres capaz no sólo de calentar a la gente con tu rayo a distancia, sino también quemarlos. Incluso puedes convertir una piedra en polvo – lo demostraste una vez. Así que lo que deberías hacer es quemar a los autores de actos terroristas. Quemar a los sacerdotes – junto con todas las fuerzas demoníacas. Me lo estabas diciendo a mí. Recuerdo haberlo escrito: ‘Con mi Rayo tardaré sólo un momento para quemar la oscuridad del viejo dogma. No te interpongas entre la gente y Dios…’ Y así.
¿Recuerdas esas palabras tuyas?”

– “Sí, las recuerdo.”

“Entonces, ¿qué estás esperando? ¿Por qué no los quemas? Después de todo, tú lo dijiste…”

– “Hablaba de dogmas. Nunca me atrevería a quemar gente con mi rayo”.

“¿Incluso a los autores intelectuales de actos terroristas?”

-“Ni siquiera con ellos me atrevería.”

“¿Por qué no?”

– “Piensa en lo que dices, Vladimir”.

“¿Qué hay que pensar? Todo el mundo sabe que los autores intelectuales del terrorismo y sus cómplices deben ser destruidos, de inmediato. 

-“Los ejércitos de varios países ya han sido movilizados para este fin. Fuerzas especiales. La gente está muriendo. Sus esfuerzos son en vano.  Nunca encontrarán y nunca destruirán a los verdaderos autores intelectuales. Nunca podrán detener el terrorismo de esa manera”.

“Razón de más. Si puedes localizar y quemar a los autores intelectuales y sus cómplices en un instante, entonces hazlo. ¡Quémalos!”

– “Vladimir, quizás podrías pensar un poco -y tal vez pudieras determinar- en quiénes son los cómplices de esas mentes maestras y cuántos de ellos hay?”

“Bueno, claro, podría pensar en eso. Pero dudo que pueda ser capaz de llegar a una respuesta. Si sabes quiénes son, dime sus nombres”.

– “Muy bien. Uno de los cómplices del terrorismo no es otro que tú, Vladimir – junto con tus vecinos, amigos y conocidos”.

“¿Qué? ¿Qué estás diciendo, Anastasía? En cuanto a mí, y también a mis amigos, estoy absolutamente seguro de que no somos cómplices.”

– “El estilo de vida de la mayoría de la gente, Vladimir, es tierra fértil para el terror, la enfermedad y todo tipo de catástrofes. ¿No es alguien que trabaja en una fábrica de ametralladoras y cartuchos, un cómplice de asesinatos?”

“Si fabrican armas, bueno, tal vez, indirectamente pero estabas hablando de mí. Y yo no trabajo en una fábrica de armas”.

– “Pero fumas, Vladimir”.

“Bueno, sí. ¿Pero qué tiene eso que ver?”

– “Fumar es perjudicial, por lo tanto se deduce que estás aterrorizando a tu propio cuerpo”

“¿Mi propio…? Pero estábamos hablando de aterrorizar a otras personas…”

-¿Por qué adelantarse a hablar de otras personas? Cada uno debería examinar cuidadosamente su propio estilo de vida. Especialmente los que viven en las ciudades. ¿Acaso la gente que viaja en coche no sabe con qué gases mortales contaminan el aire? ¿Las personas que viven en grandes edificios divididos en un montón de pisos no saben que es nocivo y peligroso vivir en ellos? La organización de la vida en las grandes ciudades tiene por objeto destruir al hombre y desorientarlo respecto al espacio natural. La mayoría de las personas que viven de esa manera son cómplices del terrorismo”.

“Digamos que tienes razón. Pero ahora muchos están empezando a entender, y van a cambiar su estilo de vida. Así que ayuda a la gente, quema a las mentes maestras del terrorismo con ese rayo tuyo”.

– “Vladimir, para llevar a cabo tu petición, tendría que cargar mi rayo con una gran cantidad de energía maliciosa capaz de destruir al Hombre”.

  “¿Y qué? Adelante, hazlo. Después de todo, este Hombre es un autor intelectual del terrorismo”.

– “Lo entiendo. Pero antes de que pueda apuntar energía maliciosa a otro, necesitaría concentrar y producir en mí una gran cantidad de esta energía. Después puede inyectarse de nuevo en mí o dispersarse en partículas entre otras personas. Sí, puedo destruir al Sumo Sacerdote, pero su programa seguirá funcionando. Y el mal encontrará otro sacerdote, y será aún más fuerte que el que destruí.[…]


La Serie de Los Cedros Resonantes de Rusia. Libro 6: The Book of Kin, Capítulo “A need to think, escrito en ruso por Vladimir Megré y editado en inglés por el Dr. Leonid Sharashkin. 
Traducción al inglés de John Woodsworth.
Traducción al español de Jorge Arturo sólo del presente fragmento.

Esta niña está parada sobre un papel impreso con corazones. Le pregunté a ella qué estaba haciendo. Ella me contestó que estaba enviando amor y paz a la gente en el mundo y a los monstruos para hacerlos buenos. Estos son los sanadores de nuestro mundo.

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